Que Perú sea un país del tercer mundo no significa que debamos tener los ojos cerrados a todos los errores que comete la sociedad. Según el sistema RETA de la PNP, el 83% de las víctimas de la llamada esclavitud del siglo XXI, son explotadas sexualmente. Esta cifra es demasiado alta, y sigue subiendo por los inescrupulosos y desmoralizados que hay en este país. Pero la pregunta sería: ¿Cómo ayudar a cambiar esa cifra?
La primera solución que me viene a la mente es: educando, creando valores, creando sanciones altas a los predadores que se encuentra escondidos o hasta quizás a la luz pública, pasando desapercibidos por las calles.
Lo malo es que toda persona esta predispuesta a caer de nuevo, podría haber campañas para cerrar hoteles, night clubs, entre otros. Sin embargo los dueños de esos lugares, también conocidos como “Papis”, seguirían abriéndolo sin importarles si les puede caer una multa; y es que a los depravados no les importara tener problemas con la policía, porque a ellos solo les importa cumplir sus deseos carnales.
Al final, todo recae en prevenir, ya que educar es casi imposible, lo único que queda es encerrar a las jóvenes en sus casas en sentido figurado, claro está. Enseñarles que hay peligros en todo lugar y que en el mundo no todos son buenos.
Escrita por Vanessa Pinares
En el Perú, como en muchos otros países, el tema de trata es el tercer delito más grave a nivel mundial. Es un fenómeno que mueve cantidades de dinero equiparables al tráfico de armas, y de drogas. Esto genera beneficios a muchos intermediarios porque la explotación sexual es un problema en su mayoría para mujeres y niñas. Las consecuencias de la trata de menores, como de toda forma de explotación sexual infantil, es un caso gravísimo. Por su naturaleza constituye una violación de los derechos humanos del niño, donde se vulnera su derecho de libertad, seguridad personal, dignidad, vida, pero sobre todo a su desarrollo integral.
Muy lejos de provocar un movimiento masivo, la esclavitud sexual de las mujeres en el siglo XXI, se encuentra legitimada socialmente mediante series de televisión en las que nos muestran la prostitución como un autorizado negocio para mujeres jóvenes.
En nuestro país, uno de los más resaltantes orígenes de trata de personas, son los problemas económicos, falsas ofertas de trabajo altamente remuneradas y la internet como medio de amorío, en el cual muchas jóvenes caen en el juego de asecho por parte de los delincuentes que contactan a sus posibles víctimas, quienes son envueltas en un engaño del que les es muy difícil salir.
Mi percepción es que el gobierno debería dar la requerida importancia a un tema muy delicado como este y brindar apoyo a las instituciones que trabajan con estos casos como la DIVINTRAP (División de Trata de Persona), RETA(Sistema de Registro y Estadística del delito de Trata de Personas y Afine) ,CHS (capital humano y social) entre otros, quienes no cuentan con un presupuesto suficiente para realizar sus respectivas funciones.
Por otro lado, la educación e información cumplen un papel muy importante en nuestro medio social. Si en el Perú nos decidiéramos a caminar hacia la mejor educación pública del mundo – tarea casi utópica pero no imposible-, los niños y jóvenes estarían mejor informados y advertidos de los daños a los que están expuestos, ya que la explotación sexual vulnera directamente los derechos humanos, no dejemos que se rija la ley de la selva y que el que tenga más dinero pueda comprar incluso nuestro cuerpo. Denunciemos si conocemos algún caso, construyamos un país mejor, lo que demandará acuerdo y apoyo, no de unos sino de todos los peruanos para lograrlo.
Claudia Orihuela Cornejo
Por: Raquel Paredes Torres
Estamos en pleno siglo XXI y me resulta increíble que el tráfico de seres humanos se haya convertido en uno de los negocios criminales más rentables y en uno de los más atroces en nuestro país y el mundo. Trabajar por nada o casi nada, en condiciones infrahumanas, enganchados por deudas o un poco de comida y abrigo, es una de las más siniestras formas de explotación sexual a las que son sometidas las víctimas de trata.
Me es realmente inaceptable ver cómo mujeres menores de edad son engañadas, captadas, trasladadas y retenidas para ser usadas sexualmente, como una de las modalidades de explotación, ver a estas jóvenes venir a denunciar a esas personas inescrupulosas que las han denigrado por días, meses o años y que han atentado contra sus derechos humanos más elementales, como el derecho a la vida y a la libertad.
Los estimados más conservadores establecen que este negocio criminal mueve más de 8 mil millones de dólares en el mundo a cada año. Es que, en realidad, el Perú aún tiene mucho por lo cual trabajar con respecto a la problemática de trata de personas y el comercio sexual. A pesar de que se ha creado un departamento especializado en trata de personas, la DIVINTRAP (División de Trata de Personas), este aún no cuenta con el presupuesto necesario, viéndose limitado para la realización de su trabajo y por ende existe una baja efectividad. Por tanto, cae por peso propio la necesidad de tomar las medidas necesarias e ir más allá de los límites a fin de acabar con esta mafia.
Lamentablemente, hasta el momento, no se han tomado las medidas necesarias para acabar con esta problemática de trata de personas y el comercio sexual que aún se ejerce en diferentes puntos del centro de Lima y hasta en distritos residenciales de la ciudad. No necesitamos ver para creer la grandeza del mal que ha creado esta mafia altamente lucrativa en nuestro país.

